jul
12
2009
Mercuri Walter Raul
Apuntes, Notas en los medios, Noticias, tai chi
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Fecha 2005-02-06
Tema Actualidad Local
LA ENTREVISTA DEL DOMINGO, WALTER MERCURI:
“Kung fu es la alquimia interior, elevarse espiritualmente, integrarse a la naturaleza”
Es quién forjó la Asociación de Intercambio Cultural Argentina-China que se encuentra en Avellaneda 72. Allí no sólo se puede practicar Tai chi chuan o Kung fu, sino también conocer el idioma, las comidas y los ornamentos del país oriental. Una vida de dedicación a una cultura ajena que asumió como propia.
Walter Mercuri es el maestro de la Asociación de Intercambio Cultural Argentina-China que se encuentra en nuestra ciudad, ubicada en Avellaneda 72.
Allí se pueden encontrar no únicamente actividades físicas relacionadas con el lejano país, sino también muchos de los elementos que constituyen su identidad cultural.
Mercuri no sólo es profesor en su centro, sino que dicta clases a chicos de colonias de verano, del programa de escuelas abiertas y de comedores comunitarios.
La cultura oriental se acercó a todas las edades, a través de su incorporación en el Departamento de Cultura que acercó la disciplina en jornadas públicas al aire libre.
Su dedicación para con las artes marciales comenzó a una edad muy temprana, precisamente a los catorce años.
En esta actividad encontró un refugio y, a su vez, un escape para la particular situación familiar por la que estaba atravesando.
-¿Cómo comienza su dedicación a las artes marciales chinas?
-Conocí las artes marciales a través de un amigo que las estaba practicando y comencé a ejercitarlas con él. Esto se produjo hacia el año 1974. Dejé todo lo que hacía por cómo me había fascinado. Jugaba al fútbol en los clubes de Zárate. Practiqué con Roberto Torres en Zárate durante los años ’75, ’76, ’77, hasta que me fui a trabajar a Buenos Aires. Allí inicié de lleno donde se encuentran todos los maestros de artes marciales. Seguí con el boxeo chino hasta el año 1982 que volví a nuestra ciudad y ahí empecé a enseñar. Primero en mi casa, en la calle Marimón. Cuando quisimos acordar había más de cuarenta alumnos prácticando con nosotros. y abrimos un lugar en Zárate.
En el transcurso de esos años nunca abandonó la práctica y se egresó en 1984 de cinturón negro.
De la mano de la gran preparación a la que le debió dar una dedicación casi exclusiva vinieron los reconocimientos a través de premios de carácter nacional.
La oportunidad de encontrarse con esa cultura que lo había fascinado y a la que había adoptado con respeto y admiración, llegó con un viaje a China, donde se encontró con los maestros de maestros.
Walter integró en el año 2000 el seleccionado argentino enviado para capacitarse en el país oriental durante 23 días.
Dictó clases en distintos centros de nuestra ciudad, como el Club Atlético Defensores Unidos, el Sindicato del Papel, el Club Central Buenos Aires.
El número de alumnos crecía y las sedes ya no contaban con el espacio necesario. Fue el momento de abrir su propia sede en la calle Avellaneda 72, donde permaneció hasta 1990.
Hoy está al frente, desde el año 1991, de la Asociación de Intercambio Cultural Argentina- China.
Walter Mercuri aclara: “Lo que se intenta es elevar a las personas a lo más alto, por encima de las consideraciones mundanas. El arte marcial que enseñamos no es aprender a pelear, a golpear a cualquier persona, a ser fuerte, sino vencerse uno mismo, a través de la paciencia, la perseverancia, la humildad, el desarrollo espiritual”.
Agregó: “Kung fu es la cultura, es la ciencia, es la alquimia interior, elevarse espiritualmente, integrarse a la naturaleza. Eso es lo que constituye el verdadero arte marcial. Nos gusta mantener el estilo tradicional porque consideramos que reeducamos a las personas, a los chicos, en cuanto a los valores de la ética, la moralidad, ser una mejor persona para integrarse a la sociedad y colaboramos con ella, dejándole buenas personas”.
El próximo mes de julio estará nuevamente partiendo hacia China, en compañía de su maestro.
Esta oportunidad llegará de la mano de un emprendimiento que tiene el sello de su autoría.
Establecerá, por primera vez, un tour a China, mediante el cual los interesados podrán conocer los lugares privilegiados del país oriental, como así también llevar a cabo las disciplinas como el kung fu y el tai chi chuan.
Desde el año 2001 trabaja en concordancia con la Municipalidad de Zárate. Esto se traduce en el dictado de clases en forma abierta y gratuita.
Podrán encontrase los sábados a la mañana con una plaza habitada por personas de distintas edades que se congregan para seguir los suaves movimientos del maestro.
La convocatoria se produce de 9.30 a 10.30, en la placita que se encuentra en la intersección de las calles 9 de Julio y Bolívar.
La iniciativa partió de la propia observación, ya que detectaron que la gente salía desde muy temprano a hacer ejercicios y que los puntos más frecuentes eran los espacios abiertos, como las plazas.
-Esta filosofía, justamente en un momento de crisis social, institucional, política, económica, ¿hace que la gente se acerque más a la disciplina?
-Sí, vengo trabajando desde el año 1998 con ese tema. Hablamos con la sociedad, tratamos de colaborar con ella desde nuestro lugar, transmitiendo la verdaderas artes chinas. En Zárate hay mucha gente que practica tai chi chuan y tenemos alumnos desde los cinco hasta los ochenta y cinco años. La gente encuentra en ello una forma de canalizar su energía negativa, sacarse los problemas, combate la ansiedad, la depresión, la angustia, la soledad y eleva su espíritu y su autoestima. Cuando uno se siente bien, nuestro cuerpo libera endorfina, que nos hace sentir mejor. Las enfermedades se empiezan a alejar, porque se fortalece el sistema nervioso central, también el sistema inmunológico, tenemos una mejor oxigenación, aprendemos a respirar y a estar relajados. Cuando aprendo a relajarme, a respirar, lo que estoy haciendo es oxigenar todo mi sistema. La sangre tiene más oxígeno, el corazón tiene más oxígeno y la mente tiene más oxígeno y está más clara. La práctica de tai chi logra una correcta postura, una columna erguida, piernas más fuertes que nos van a soportar durante nuestra vida. Las articulaciones se van lubricando, porque la práctica me va dando el acondicionamiento físico en el nivel en que me encuentre. Hay personas que vienen débiles, las mandan sus médicos porque están muy estresadas. A los dos o tres meses ya empiezan a sacarles los medicamentos. Eso está demostrado, tengo registros y el aval de sus médicos.
-Y no se trata de algo mágico…
-No, simplemente venir a practicar y confiar en la práctica, entregarse a ella. Mucha gente viene porque se lo aconseja el médico y es un remedio más. Yo les digo que lo tomen, que no les va a gustar porque nunca lo practicaste y siempre estuviste quieto, es el momento de que te dediques a tu cuerpo. Olvidate de todo. Lo más precioso y lo más preciado que tenemos, es nuestra vida y vale mucho. La mente tiene que gobernar todo el cuerpo. Cuando eso sucede, nuestros sentidos se agudizan.
-¿Cómo se pasa de un primer lugar de dictado de clases, a la Asociación de Intercambio Cultural?
-Una vez que ya había comenzado a practicar, me di cuenta que las artes marciales son una parte. En todos los lugares en los que practiqué me enseñaron artes marciales solamente. Siempre luché por no perder la esencia tradicional y es lo que trato de transmitir. Por eso la fundamos, con mis discípulos en el año 2000 y la idea es, en este lugar, poder transmitir todo lo antiguo de China. Hoy en día se enseña idioma chino, caligrafía, masaje chino y digitopuntura, comida china, origami, que es un arte japonés y cestería china, entre otras cosas. Por eso, le pusimos artes y oficios.
-¿Cómo se logra esta inserción en las colonias de vacaciones?
-Primero comencé con mi colonia y descubrimos que a los chicos les encantan todas las actividades la ceremonia de té, sentarse en el piso, servir al otro, porque es parte de la mesa de oriente y eso, el chico lo traslada a su casa. De esta manera, se recuperan valores que muchos de los chicos no tienen. Así se empieza mi intención de transmitirlo en las colonias. Ya llevamos cinco años de trabajo con los chicos.
El profesor sufi Walter Mercuri, que está al frente de la Asociación de Intercambio Cultural.
Adultos y jóvenes se encuentran en las clases de Tai chi chuan de Walter Mercuri.
Una filosofía de vida diferente
Walter hizo su apreciación de la vida: “Nacemos, crecemos y morimos. Si voy rápido, llega rápido el final. Si vivo bajo una filosofía más oriental, voy lento y voy a tardar mucho en llegar al final. De acuerdo con esta filosofía, la persona tiene que pensar que va a vivir ciento veinte años. Hasta los sesenta años la persona está activa, es fuerte, joven. Después de ahí, es alterar o desgastarse. Creemos que pasamos por las cuatro estaciones. Los primeros treinta años son de primavera, los segundos, verano; los terceros el otoño y los últimos años son de invierno. Así como pasa la naturaleza, nosotros también”.
El Tai chi y el Kung fu
Walter Mercury explicó la diferencia existente entre el kung fu y el tai chi chuan, dos disciplinas que dicta en su Asociación de Intercambio Cultural: “Tai chi chuan es un arte interno, un tipo de Kung Fu. Interno porque trabaja la parte de la mente con movimientos lentos, suaves, continuos. Es lo que se ve en los parques y en las plazas. Es un trabajo interno, a través del cual se desarrollan los sentidos de otra forma. Kun fu es un trabajo más externo y más fuerte, se basa en la movilidad y en la acción. Ahí sí se libera energía, los movimientos son rápidos y fuertes”.
El respeto por los mayores
Existen familias modernas y tradicionales chinas. Las modernas son más comerciales. Las tradicionales preservan los valores de la esencia antigua, que es simple. Yo viví en China y pude ver cómo en una casa conviven cuatro o cinco generaciones, todos juntos, donde se respeta al más anciano. En nuestro lugar es todo al revés. A medida que las familias crecen, se dispersan. Los hijos se van de al lado de los padres y los padres van a parar a los geriátricos”.
Cambiar lo malo en bueno
Estar en armonía, comprender el shing y el shang de las artes marciales. El shing y el shang están en todas las cosas. Nosotros tenemos que aprender que es ésto. Es lo blanco y lo negro, lo bueno y lo malo, el día y la noche, el hombre y la mujer. A partir de ello empezamos a comprender el equilibrio que necesitamos para nuestra vida y transformar las cosas negativas, en positivas. Las personas al ver las cosas positivamente, todo lo negativo que está a su alrededor lo vemos diferente. Nos tomamos el tiempo para pensar, para ver la situación y ver la forma de resolver ese problema, como llego a esa solución. Todo se puede mejorar”.
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